Tras los ataques terroristas yihadistas de
este verano en Francia y Alemania, el debate público acerca de cómo combatir la
radicalización islamista es aún más urgente.
A través de los años, se ha intentado
demostrar que de hecho, el terrorismo islámico no tiene nada que ver con el
Islam.
Se ha intentado atribuirlo a la pobreza, la
exclusión social, la islamofobia y el “agravio” relacionados con conflictos en
Bosnia, Cachemira, Irak, Chechenia, los territorios palestinos y ahora Siria.
En la mente occidental, este “agravio” no
tiene ningún factor común – incluso cuando terroristas, aunados a otros
yihadistas queman a cristianos en África o matan a civiles en Londres, París y
Túnez, al grito de “Allahu Akhbar”, mientras cometen atrocidades en nombre de
la guerra santa del Islam.
El ascenso del Estado Islámico,
comprometido al establecimiento de un califato musulmán, expone la vacuidad de
este tipo de pensamiento. ¿Por qué decenas de miles de jóvenes musulmanes
occidentales han jurado lealtad al culto a la muerte de la supremacía islámica?
Mientras buscan una respuesta, los políticos occidentales niegan la realidad
del fanatismo religioso y aseguran que el Estado Islámico ” no es islamista” e
incluso es “anti-islamista.” La religión no puede ser la causa de tal
depravación.
Tras los ataques de este verano, se han
escuchado nuevas explicaciones. Si los terroristas actúan solos (que por lo
general no es el caso) son llamados “lobos solitarios” y por lo tanto no son
considerados soldados yihadistas. Si tienen antecedentes psiquiátricos, se dice
que son enfermos mentales y por lo tanto tampoco son soldados yihadistas.
Esto es totalmente absurdo, ya que es
perfectamente posible actuar solo o estar mentalmente perturbado y ser un
soldado yihadista.
De hecho, los yihadistas reclutan a
personas perturbadas.
Esto nos lleva al tema de la
radicalización.
No se trata de un proceso unidimensional
como el de una caricatura, sino de un fenómeno complejo que no sucedería sin
las ideas islamistas. Ellas son el combustible. Las chispas provienen de otros
lugares.
Las ideas yihadistas se convierten en
explosivos ante la vulnerabilidad de los jóvenes musulmanes, debido a un agudo
sentido de desarraigo y dislocación cultural, un disgusto con su vida hedonista
en Occidente y una profunda necesidad de un propósito elevado para existir.
La chispa, sin embargo, es su abrumadora
sensación de agravio. Aquí es donde los gobiernos occidentales se dejan engañar
a través de un análisis profundamente equivocado.
Ellos piensan que si se resuelven los
conflictos del mundo que involucran a musulmanes, pondrán fin a la
radicalización. Es por eso que presionan a Israel para facilitar el Estado de
Palestina, que según ellos eliminará el veneno de la rabia musulmana.
La realidad es otra. La venenosa furia
árabe y musulmana contra Israel y el pueblo judío es lo que impide una solución
al conflicto de Oriente Medio.
El punto crucial sobre el agravio que
sienten tantos musulmanes contra Israel, los judíos y Occidente es que todos
ellos se basan en mentiras. Éstas son tan incendiarias que sería increíble que
no provocaran sentimientos violentos de odio y venganza.
Millones de musulmanes creen la mentira de
que los palestinos son el pueblo indígena de la Tierra de Israel. Así que, por
supuesto, están enfurecidos de que los judíos hayan “robado su tierra”.
Ellos creen la mentira de que las fuerzas
occidentales destruirán el mundo islámico, por lo que justifican los ataques
musulmanes contra Occidente como autodefensa.
Siguen creyendo la mentira (religiosamente
inspirada) que los judíos son un mal cósmico y por lo tanto están dispuestos a
matarlos en cualquier lugar. Están convencidos de que el poder judío controla
Estados Unidos y por lo tanto la modernidad es el factor más importante que
alimenta el ataque contra Occidente.
Éstas y otras fantasías paranoides
similares son los “agravios” que impulsan a tantos jóvenes musulmanes a caer en
manos de yihadistas. Por lo tanto, toda estrategia eficaz contra la
radicalización debe esclarecer los hechos a los mismos musulmanes para
forzarlos a abrir sus ojos.
Los líderes occidentales deberían hablarles
con la verdad y explicarles que Israel es la patria nacional de los judíos; que
las FDI han establecido un estándar moral que ningún ejército occidental ha
alcanzado a fin de evitar la muerte de civiles inocentes, incluso hasta el
punto de inflar las bajas del ejército israelí.
Deben decirles que una característica del
pensamiento islámico, basada en la perfección doctrinal del Islam, es invertir
la realidad y así convertir el ataque islámico contra Israel y el occidente en
defensa y viceversa.
Deben decirles que aquellos que salen a
matar a musulmanes son otros musulmanes, y que las mentiras acerca de Israel y
Occidente tienen por objeto proteger a los tiranos, desviar la rabia de las
personas que han esclavizado.
Si se dijeran estas y otras verdades, el
control islamista sobre las mentes de los musulmanes occidentales que no oyen
más que la propaganda islámica comenzaría a debilitarse.
Por supuesto que esto no resolvería el
problema en su totalidad. La razón no es ningún antídoto del fanatismo. Sin
embargo, muchos jóvenes musulmanes están siendo radicalizados no por piedad,
sino por las mentiras políticas, que en la actualidad quedan sin respuesta, y
son amplificadas por medios de comunicación autodestructivos.
Actualmente, el occidente trata los
“agravios” musulmanes como racionales. Por lo tanto, los extremistas parecen
haber surgido de la nada. No es así.
Ellos son creados y sostenidos por una
narrativa de mentiras. En la lucha contra la radicalización, los musulmanes
deben oír la verdad – esta es el arma de educación masiva que el occidente no
ha utilizado.
El arma de educación masiva no utilizada
08/Ago/2016
Enlace Judío, México, Por Melanie Phillips